¿Cómo proteger legalmente un videojuego?

Nos encontramos en un momento en que las nuevas tecnologías están en constante desarrollo y crecimiento, dando sus frutos en muchos de los sectores tecnológicos, entre los cuales se encuentran las empresas desarrolladoras de videojuegos.

Estas deben de tener presente un conjunto de aspectos legales para poder proteger correctamente sus obras, los videojuegos, ante posibles infracciones de terceros.

Según la Ley de Propiedad Intelectual (LPI) son obras protegibles por derecho de autor todas las creaciones originales literarias, artísticas o científicas expresadas por cualquier medio o soporte, tangible o intangible, actualmente conocido o que se invente en el futuro.

Junto con la anterior definición, la misma norma prevé un listado abierto de obras que están protegidas por derechos de autor. Aun así, en ella no se encuentra regulada per se los citados videojuegos y de ahí que surja la duda de cómo proteger estas creaciones intelectuales.

En un primer momento, debemos entender que los videojuegos son el resultado de la suma de distintas obras intelectuales, las cuales están protegidas por derechos de autor de forma individual (obras audiovisuales, mapas, fotografías, obras musicales, literarias, software, etc.). Así, y sabiendo que la Ley de Propiedad Intelectual ampara a cualquier obra que sea original, podemos afirmar que el videojuego indirectamente también queda protegido bajo el paraguas de dicha normativa al estar compuesto de creaciones intelectuales que sí están protegidas expresamente en LPI.

La cuestión que surge ahora es si el videojuego es susceptible de ser protegido como un todo, es decir, como a una sola obra individual. Parte de la doctrina considera que los videojuegos son obras multimedia ejecutadas mediante un programa de ordenador, mientras que la jurisprudencia y doctrina internacional mayoritariamente incorporan a los videojuegos dentro de la categoría de obra audiovisual. Por el momento, los tribunales españoles aún no se han pronunciado definitivamente sobre la naturaleza jurídica de los videojuegos.

Una vez sabemos que el videojuego, como obra intelectual, queda amparado por la normativa de la LPI, pueden surgir dudas en cuanto a quién debemos considerar como autor/es de un videojuego, y, por ende, titular de los derechos de propiedad intelectual del mismo. El hecho es que para que un videojuego se comercialice en el mercado se requiere la participación de distintos profesionales (técnicos, creativos, ingenieros de sonido, programadores, animadores) y en cuanto al sector empresarial se precisa de productores, especialistas en marketing, publicistas y operadores de plataformas online. Lo cierto es que todos contribuyen a que el videojuego aparezca en el mercado, pero solamente recibirán la protección del derecho de autor aquellos que hayan creado una obra que contenga originalidad y creatividad.

Así, y según la LPI, es autor la persona natural que crea alguna obra literaria, artística o científica. Consecuentemente, no se considera autor a una persona jurídica, pero pueden adquirir derechos de explotación en determinados casos previstos por la ley.

Cuando el videojuego es creado por más de una persona, pueden darse dos regímenes distintos:

       Obra en colaboración: es el resultado unitario de la colaboración de diversas personas. A todos les pertenece la obra como autores con derechos sobre la misma, no necesariamente en la misma proporción.

       Obra colectiva: es creada por distintos autores, bajo la iniciativa y coordinación de una persona física o jurídica que la edita y divulga. Le corresponde a este último, la titularidad originaria de la propiedad intelectual, mientras que los coautores no tienen derechos, salvo pacto en contra.

Es por ello que es relevante saber qué tipo de obra es un videojuego para determinar si es obra colectiva (categoría más frecuente en este sector), o bien obra en colaboración (la cual resulta más beneficiosa para los autores originarios). Es indiscutible que siempre será titular originario de los derechos de propiedad intelectual el autor que ha creado la obra, y lo que variará a partir de este punto, es el reparto de los derechos de los que serán titulares en cada caso concreto.

En este sector también existen otros creadores de videojuegos, como los propios jugadores, conocidos también como “mappers”, que al jugar en determinados videojuegos online u offline pueden crear una obra diferente o bien una obra derivada a partir de ellos. En estos casos, los jugadores también serán titulares de derechos de autor, excepto si se ha pactado lo contrario con la empresa creadora del videojuego originario o con la plataforma online donde también pueden encontrarse este tipo de juegos. Consecuentemente, la empresa desarrolladora del videojuego/plataforma deberá determinar a quien pertenece los derechos de autor o qué tipo de licencias se da al crearse juegos diferentes por los propios jugadores en la plataforma.

En cuanto a la transmisión de derechos de autor, la LPI regula en su artículo 43 que “Los derechos de explotación de la obra pueden transmitirse por actos «inter vivos», quedando limitada la cesión al derecho o derechos cedidos, a las modalidades de explotación expresamente previstas y al tiempo y ámbito territorial que se determinen”. En caso de no pactarse expresamente lo anterior, el mismo artículo indica que la duración de la transferencia de derecho será para 5 años y dentro del país donde la transferencia tiene efectos. En cuanto a qué derechos de explotación se ceden, serán sólo aquellos que se deduzcan necesariamente del propio contrato y sean indispensables para cumplir la finalidad del mismo.

Con respecto a lo anterior, en el caso de contratar, por ejemplo, a un autor FreeLancer por una empresa, es recomendable determinar expresamente cada uno de los aspectos anteriormente citados. En el caso de autores de videojuegos asalariados, el régimen es distinto, puesto que, en caso de no preverse expresamente la transmisión de derechos, se presume que los derechos de explotación han sido cedidos en exclusiva y con el alcance necesario para el ejercicio de la actividad habitual al empresario en el momento de la entrega de la obra realizada en virtud de dicha relación laboral. Normalmente, las empresas de videojuegos incluyen en los contratos cláusulas donde los autores asalariados ceden sin límites todos sus derechos a las empresas.

Cabe mencionar que, en cuanto a los derechos del programa de ordenador, el artículo 97 de la LPI prevé que el trabajador asalariado que cree un programa de ordenador, (…), la titularidad de los derechos de explotación correspondientes al programa de ordenador así creado, (…), corresponderán, exclusivamente, al empresario, salvo pacto en contrario. Como vemos, la diferencia con las demás obras distintas a la del programa de ordenador está en que, en el caso de los programas de ordenador la cesión de derechos es ilimitada a favor del empresario, mientras que, en las restantes obras, sólo se ceden los derechos indispensables que se deduzcan del alcance necesario para el ejercicio de la actividad habitual del empresario.

Por tanto, bajo la normativa española, es recomendable establecer expresamente la transmisión de derechos entre el autor y la compañía. No obstante, la mayoría de videojuegos son creados bajo la iniciativa de una persona jurídica, por lo que se considerará una obra colectiva. En dicho caso, y en caso de no existir ningún acuerdo, los derechos en la obra colectiva corresponden exclusivamente a la persona jurídica que ha tenido la iniciativa y coordina el proyecto del videojuego.

A modo de conclusión cabe recordar que, en todo caso, dado que la normativa española no contiene un régimen específico para la protección de los videojuegos, se recomienda delimitar contractualmente a quién pertenece la titularidad de los derechos de propiedad intelectual de cada una de las obras que componen el videojuego.

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